¿Por qué se deben unir el clima, la biodiversidad y los sistemas alimentarios?
De esfuerzos separados a soluciones integradas
Históricamente, los esfuerzos para enfrentar la crisis climática y la pérdida de biodiversidad han avanzado por caminos separados.
A nivel internacional, hay dos convenciones encargadas de coordinar la acción entre países e implementar acuerdos para responder a desafíos ambientales globales como cambio climático y la pérdida de biodiversidad:
La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC)
Esta convención, adoptada en 1992, busca estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera para evitar impactos peligrosos en el sistema climático. La CMNUCC promueve la reducción de emisiones, la adaptación al cambio climático y el financiamiento para acciones climáticas.
El Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB)
Adoptado en 1993, el CDB tiene como objetivo la conservación de la biodiversidad, el uso sostenible de sus componentes y la distribución justa y equitativa de los beneficios derivados de los recursos genéticos. El CDB busca frenar la pérdida de especies y ecosistemas, promoviendo su restauración y protección.
Cada convención ha creado acuerdos globales para establecer metas y coordinar acciones concretas a escala internacional en sus respectivos ámbitos:
Adoptado en 2015 dentro del marco de la CMNUCC, es uno de los logros más destacados, donde los países se comprometieron a limitar el aumento de la temperatura global muy por debajo de 2°C para finales de siglo en comparación con los niveles preindustriales , con esfuerzos para limitarlo a 1.5°C
¿Qué dicen los marcos globales sobre los sistemas alimentarios y su rol para resolver estas crisis ambientales?
Desde sus inicios, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) destacó la necesidad de adaptar los sistemas agrícolas al cambio climático. Sin embargo, el potencial de los sistemas alimentarios para mitigar sus efectos no se integró formalmente en la agenda climática hasta 2023. En la COP 28 y posterior, 162 países, firmaron la Declaración sobre Agricultura Sostenible, Sistemas Alimentarios Resilientes y Acción Climática, comprometiéndose a incluir la alimentación y la agricultura en sus planes nacionales para enfrentar el cambio climático.
Adoptado en 2021 dentro del marco de la CDB, establece objetivos y metas concretas para frenar la pérdida de biodiversidad para 2030. Su meta principal es conservar al menos 30% de los ecosistemas terrestres y marinos, reducir la contaminación y restaurar áreas degradadas.
¿Qué dicen los marcos globales sobre los sistemas alimentarios y su rol para resolver estas crisis ambientales?
Los acuerdos internacionales sobre biodiversidad han considerado de manera más integral el papel de la agricultura y los sistemas alimentarios en la preservación y restauración de la biodiversidad.
El Marco Global de Biodiversidad Kunming-Montreal reconoce a los sistemas alimentarios como un componente clave para la conservación de la biodiversidad, estableciendo metas específicas que abarcan tanto la producción como el consumo. Entre sus principales objetivos se destacan:
- Promoción de prácticas sostenibles en actividades como la agricultura, la pesca, la acuicultura y la silvicultura, reduciendo el uso de pesticidas, químicos y nutrientes que impactan negativamente los ecosistemas (Metas 5 y 10).
- Protección de servicios ecosistémicos esenciales, como los suelos saludables y la polinización, fundamentales para la producción de alimentos (Meta 11).
- Reducción de la huella ambiental del consumo y el desperdicio de alimentos, con la meta de disminuir a la mitad el desperdicio global de alimentos para 2030 (Meta 16).
- Prevención de la conversión de ecosistemas naturales, fomentando cambios transformadores en los sistemas alimentarios para abordar una de las principales causas de la pérdida de biodiversidad (Meta 1).
- Integración de la biodiversidad en todas las políticas, incluidas las relacionadas con la agricultura y los alimentos, destacando la importancia de incorporar sus múltiples valores en la toma de decisiones (Meta 14).
- Eliminación o redirección de subsidios perjudiciales hacia incentivos positivos que favorezcan la sostenibilidad (Meta 18).
- Alineación de flujos financieros de todas las fuentes —nacionales, internacionales, públicos y privados— para detener y revertir la pérdida de biodiversidad (Meta 19).
Cada convención y documento marco opera dentro de su área de experticia, con estrategias de implementación, monitoreo y mecanismos de financiamiento separados, lo que ha dificultado la colaboración y la identificación de soluciones integrales que consideren simultáneamente ambos desafíos.
Las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés) son los compromisos que cada país asume para enfrentar el cambio climático en el marco del Acuerdo de París. Estos incluyen tanto objetivos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero como estrategias para adaptarse a los impactos del cambio climático. Cada nación diseña sus NDCs según sus capacidades y circunstancias, estableciendo metas específicas y medidas concretas para avanzar hacia un futuro más sostenible. Los países presentaron sus primeras NDCs en 2015, incluso antes de que se adoptara oficialmente el Acuerdo de París. Desde entonces, deben actualizar y fortalecer estos compromisos cada cinco años, con el fin de incrementar la ambición climática global.
Los Planes y Estrategias Nacionales de Biodiversidad (NBSAP, por sus siglas en inglés) son los instrumentos a través de los cuales cada país define sus compromisos y acciones para conservar y gestionar de manera sostenible la biodiversidad. Estos planes forman parte de las obligaciones establecidas en el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) y buscan integrar la protección de los ecosistemas en las políticas de desarrollo. Cada nación elabora su NBSAP según sus prioridades y capacidades, estableciendo metas y estrategias concretas.
Más recientemente, la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios, celebrada en septiembre de 2021, generó varios resultados concretos orientados a transformar los sistemas alimentarios globales y avanzar en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Entre los principales logros se destacan:
Incremento de la relevancia política en la agenda política mundial, proporcionando un espacio para que actores clave y partes interesadas alinearan sus declaraciones y acciones en torno a un programa común.
Un total de 103 países presentaron sus estrategias nacionales para transformar sus sistemas alimentarios, basadas en diálogos nacionales inclusivos, sirviendo como hoja de ruta para implementar cambios específicos en cada contexto.
Creación de un Centro de Coordinación para brindar apoyo técnico y político a los países en la implementación de sus vias nacionales para la transformación de los sistemas alimentarios.
Se lograron compromisos de inversión para financiar iniciativas orientadas a fortalecer la seguridad alimentaria y la nutrición, acelerar la mitigación y adaptación al cambio climático, y promover sistemas alimentarios inclusivos, tanto a nivel nacional como internacional.
La Cumbre facilitó la creación de coaliciones que reúnen a gobiernos, organizaciones internacionales, sector privado y sociedad civil para abordar desafíos específicos en los sistemas alimentarios, promoviendo soluciones colaborativas y sostenibles.
Las políticas y acciones para abordar el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y los retos de los sistemas alimentarios suelen abarcarse de manera independiente. Sin embargo, los mismos están completamente relacionados, como se ve en el siguiente acápite, y requieren acciones de manera integral a nivel territorial.
La crisis climática y pérdida de biodiversidad son desafíos globales que se retroalimentan mutuamente.
La crisis climática y la pérdida de biodiversidad están estrechamente interconectadas y se refuerzan mutuamente, generando un ciclo de deterioro.
El cambio climático aumenta la temperatura y genera variaciones climáticas extremas y esto a su vez modifica las condiciones necesarias para la supervivencia de muchas especies, reduciendo la capacidad de los ecosistemas para adaptarse y mantenerse funcionales. Por ejemplo, el blanqueamiento de los corales debido al calentamiento de los océanos afecta la vida marina. Cabe mencionar que estas alteraciones climáticas afectan de manera diferente a cada ecosistema según su sensibilidad y capacidad de adaptación.
A su vez, la pérdida de biodiversidad agrava el cambio climático, pues a medida que los ecosistemas se degradan, pierden su capacidad de capturar y almacenar carbono. La deforestación y el deterioro de humedales, por ejemplo, liberan grandes cantidades de carbono y reducen la capacidad del planeta para regular el clima. Esto genera más variaciones climáticas extremas, afectando aún más la biodiversidad y creando un ciclo de retroalimentación que acelera tanto el cambio climático como la pérdida de biodiversidad.
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de carbono se reduce Mayor acumulación de gases de
efecto invernadero en la atmósfera
Los sistemas alimentarios acentúan la crisis climática y la pérdida de biodiversidad, pero también son vitales para encontrar soluciones que aprovechen sus sinergias.
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Se refiere a la manera en que las personas acceden y utilizan los alimentos para satisfacer sus necesidades nutricionales, respetando su cultura, diversidad y preferencias. También considera que los alimentos sean sanos e inocuos, manteniendo unas condiciones de higiene en los hogares y una distribución justa de los alimentos dentro de la familia.
(definición basada en: Consultar fuente)
Es el conjunto de procesos que permiten llevar los alimentos desde los productores (agricultores y transformadores) hasta los consumidores finales. Esto incluye el almacenamiento, transporte, procesamiento, empaquetado y comercialización. La distribución es fundamental para asegurar el acceso a alimentos seguros, nutritivos y asequibles en un entorno globalizado que enfrenta retos como el cambio climático, las inequidades económicas y la pérdida de biodiversidad. Además, la eficiencia en la distribución impacta directamente en la reducción del desperdicio alimentario y puede contribuir a mejorar la composición nutricional de las dietas locales.
(definición basada en: Consultar fuente)
Es el proceso de reunir productos alimentarios de diferentes productores para consolidar mayores volúmenes, generando así eficiencias en la distribución y comercialización. Por otra parte, la transformación implica agregar valor a las materias primas agrícolas, convirtiéndolas en productos alimenticios listos para el consumo o para su posterior distribución. Ambos procesos son esenciales para mejorar el valor económico, social o funcional de los alimentos. Esto se logra a través de distintas estrategias, que pueden incluir el empaque, la certificación de calidad, la diferenciación por origen geográfico, el comercio justo y la incorporación de prácticas sostenibles e innovadoras.
(definición basada en: Consultar fuente)
La producción es el conjunto de acciones mediante los cuales se generan alimentos para el consumo humano, aportando a la seguridad alimentaria y los medios de vida de la gente. Este concepto abarca agricultura, ganadería, pesca y recolección de productos marinos y terrestres. Además, la producción no solo se refiere a las actividades relacionadas con la obtención de alimentos, sino también el manejo de los servicios ecosistémicos, incluyendo el suelo y el agua. Asimismo, incorpora los insumos agrícolas y las tecnologías asociadas a la producción de alimentos en sintonía con las dinámicas naturales, incluyendo el cambio climático y la conservación de la biodiversidad.
(definición basada en: Consultar fuente)
Son las dinámicas culturales y sociopolíticas que influyen en cómo se producen, distribuyen y consumen los alimentos, incluyendo tradiciones, normas y medios de vida.
Son los ecosistemas y recursos naturales que sostienen los sistemas alimentarios, como el suelo, el agua, la biodiversidad y el clima, y que determinan la disponibilidad de los alimentos en el largo plazo.
Son las condiciones y estructuras económicas que afectan la producción y comercialización de alimentos, incluyendo costos, precios, acceso a mercados y economías alternativas.
La producción de alimentos es una de las actividades humanas con mayor impacto ambiental. Cada etapa de los sistemas alimentarios —desde la forma en que cultivamos y producimos los alimentos, pasando por su transporte y distribución, hasta su consumo y manejo de residuos — contribuye significativamente al cambio climático y la pérdida de biodiversidad.
Sin embargo, los sistemas alimentarios también podrían representar una oportunidad para abordar estas crisis de manera conjunta. Esto implica mejorar las prácticas agrícolas para reducir emisiones y fomentar una relación de cuidado con los ecosistemas que sustentan la producción de alimentos. Así, la transformación de los sistemas alimentarios no sólo permitiría mitigar su impacto negativo, sino que podría convertirlos en motores de desarrollo y equidad.
En ese sentido, resulta urgente la formulación e implementación de políticas públicas que se conecten con los esfuerzos institucionales e iniciativas locales para promover cadenas de suministro de alimentos que mejoren las dinámicas socioeconómicas de las comunidades locales, al tiempo que se minimicen los impactos en la naturaleza.
Por esta razón, a lo largo de esta guía se analizarán los vínculos entre los sistemas alimentarios, el cambio climático y la biodiversidad, y se presentarán oportunidades para implementar acciones integradoras que enfrenten el desafío de alimentar a una población creciente mientras se abordan estos retos globales. Estas acciones buscan transformar los sistemas alimentarios en motores de regeneración, capaces de reducir emisiones, conservar la biodiversidad y mejorar la calidad de vida de las comunidades.